domingo, agosto 22, 2010

The Awuful Truth

En mi cama que ahora esta puesta en 4 paredes que no parecen ni se sienten mías, en pijama, en el peor de mis look, con la piel destrozada, aun terminándome de recuperar de una bronquitis y con una infección en una pierna. Si, lo sé, si yo me conociera en este momento, tampoco me gustaría.

Me encuentro a mi misma viendo cada segundo un chat que no va a aparecer, me veo a mi misma armándome planes en la cabeza que no van a ser, espero, cancelo el resto por alguna promesa vacía de algo que podría pasar... y al final del día me quedo, sola, esperando, entendiendo, siendo esa, la parcera....y no me gusta. No me gusta retroceder algunos años atrás, poner a prueba lo que creo y lo que soy, arriesgarme para nada, esperar y esperar y no lograrlo, y al final, con esta gran insuficiencia, ver los días pasar en vano.

un lugar? es eso lo que hace falta? que va, las excusas... siempre he sido de las que están convencidas que si alguien lo quiere ver a uno lo hará a costa de lo que sea necesario...y claro, las palabras usuales en mi cabeza, lo que se supone que es mejor y que esta por venir, lo que se supone que no convenía, la paciencia que debe haber, todo esto, lo malo digo, que pasa, que servirá para aprender cosas y tanta carreta de auto-justificación y fortaleza que nos sabemos meter, lo que todos me dirían y quiero que se callen.

La verdad es que, aunque duela, si un hombre quiere verse con uno lo hará, seamos las más chéveres o no, estemos dispuestas o no... la verdad hoy es que esas cosas no terminan por depender de nosotras y nuestra voluntad. La verdad es que nosotras nos ilusionamos, a veces gratis, a veces con razón, a veces con razones justificadas y otras veces no, y nos duele, nos llenamos de historias en la cabeza esperando que algo pase, y al final del día somos las mismas, esperando un sábado, en salida de baño, aun sin vestirnos para no tener que decidir que ponernos sin el plan armado, esperando, horas, mirando el chat, o el celular, hasta que el, que dijo que aparecería, que quisiéramos que apareciera, simplemente dijera algo... hasta que es tarde, y el reloj marca las diez, y algo en nuestra piel y nuestro ego lo sabe, el no va a aparecer.

La triste verdad es que, cuando aparecen, casuales ellos, nosotros terminamos tejiendo dignidad de donde ya no queda, para preguntar que tal estuvo su noche, que tal va su vida, esa en la que aparentemente no cabemos, y oir sus historias, de su buen fin de semana, de todo lo que no se da cuenta cuanto quisiéramos tirarnos por la ventana mientras lo oimos, porque cuando nos toca responder a nosotros que tal estuvo el nuestro, tragamos saliva espesa para contestar, super! estuvo relajado, tranquilo, había trabajado mucho y necesitaba descansar.

Pero la verdad, la más triste y desgarradora es que nosotros sabemos, en el fondo sabemos que ellos no son para nosotros, y muy probablemente, estarían muy lejos de hacernos felices, o de tener algo con nosotros que dure más que un suspiro. Nosotras lo sabemos, sabemos que ellos realmente no son. Solamente es que ellos en un vestigio de segundo representaron una ilusión, una chiquita que necesitábamos para que todo nuestro aparente orden se desarreglara. La verdad es que ellos representan (y exacerban) nuestros miedos, y nosotros los dejamos hacerlo, para al final del día, mientras vemos insistentes la pantalla del celular o del computador, preguntarnos sobre nuestra incapacidad de representar eso en alguien. La verdad es que sabemos que ellos no son, pero hasta que aparezca el que debería ser, nosotras eternamente seguiremos tropezándonos, cuestionándonos y martirizándonos con cada uno de ellos que nos deje esperando...

2 comentarios: