La inevitable época de llenarnos de promesas, de andar por la calle haciendo cierres y balances. El obligado tiempo de soñar, pretender cambiar, jurar transformar y lograr. Una época de cambio que hoy, para mi, se conjuga con una triste época de muerte y despedidas.
Una sensación extraña que flota en el aire en estos días, el desarraigo, la inestabilidad y todas estas cosas dolorosas que me hacen pensar que quiero que este sea el año de ser mejor persona, de ser mejor amiga. Será el año de la ausencia de tanta soledad, el año de querer, de volver a ser, de retomar lo que fuí. El 2012 será el año de ser mejor hija, el año de la dedicación, de no dejarse llenar de ingratitud. El año de cocinar, de bailar, de leer. Un año para crecer.
Este será el año para volver a creer.